En 1858 llegó el primer tren a Santander. Venía desde Corrales de Buelna. Por aquel entonces la conexión con la meseta era complicada. Había vías desde Alar del Rey hasta Reinosa, pero no entre la localidad campurriana y Corrales. Ese tramo había que hacerlo en otro medio de transporte e imagínense cómo debían de ser las carreteras en el siglo XIX. Esta historia y muchas otras las explica Pablo, vicepresidente de la Asociación Cántabra de Amigos del Ferrocarril, en el museo que tienen en Santander. Y gratis. Está un poco escondido, en la calle Carlos Haya, junto a las vías de Feve y Renfe, y se puede visitar los martes y viernes de 19,30 a 22 horas. También organizan visitas guiadas para grupos. “Tenemos muchas piezas con verdadero valor histórico como dos máquinas de vapor y una quitanieves única en toda España”, dice con orgullo. La asociación, fundada en 1978, ha conseguido reunir en todos estos años una cantidad ingente de documentación, fotografías antiguas, piezas ferroviarias centenarias, maquetas de edificios que tuvieron algo que ver con los trenes, material audiovisual, etc. Un paseo por la historia del ferrocarril en Cantabria que no deberías perderte.
Gente corriente
Avelina, tercera generación en las lanchas de la bahía
Desde 1977 el servicio de transporte de pasajeros por la bahía está a cargo de Los Reginas. Unen Santander con Pedreña y Somo, llevan a la playa del Puntal y hacen excursiones por la bahía y el río Cubas. Avelina, nieta de uno de los fundadores, trabaja en las lanchas desde que tiene uso de razón. “Empecé viniendo los fines de semana y aquí sigo en la taquilla, aunque si hace falta también me subo al puente de mando, pero sólo si es imprescindible, tengo el título de patrón”, dice con una voz serena. Los Regina dan trabajo a entre 15 y 25 personas depende de la época del año y están en constante renovación de la flota. “Las rojas y verdes irán desapareciendo”, avisa Avelina, “porque su mantenimiento cuesta mucho”. En tiempos de fibra de poliester es de valientes seguir manteniendo estas joyas de casco de madera que tanta personalidad dan a Santander. A qué esperas para subirte en una y darte un paseo por la bahía. Lo puedes hacer entre las 7 y 21 horas. No será por falta de tiempo. Venga.
Visi trabaja con la luna y las mareas
Visi, 75 años, y más de 40 vendiendo carnada en Santander. Al principio en la grúa de piedra y ahora frente al bar del Moro, al final de Marqués de la Hermida. Gusana roja, blanca, de tubo, muergo, almejas… “Soy la gusanera mayor del reino”, dice entre sonrisas, “también la más antigua” y presume de insignes clientes como Severiano Ballesteros o el mismísimo Revilla. Y después le sale el alma de poeta: “Trabajamos con la luna y las mareas”. Y más tarde el de meteoróloga: “El tiempo que hará nos lo dice la gusana. Si le cuesta salir viene malo y si es fácil cogerla viene bueno”. Cuánto oficio, por favor. Depende del coeficiente de las mareas se mueven de una ría a otra en busca del mejor género, que cuidan como si fuese un bebé. La gusana fina la arropan con serrín de chopo, que les alarga la vida. Y así, en tiempos de móviles, internet, tecnología y mucha prisa, hay quien todavía se gana la vida recogiendo bichos del mar y respetando los tiempos que marcan las estrellas. La vida sencilla.
Loli y Belén, las tejedoras del mar
Escena marítima en pleno centro de Santander. A la entrada de Marques de la Hermida, Belén y Loli tejen las redes maltrechas en la última salida en busca de bocarte. Tienen que estar listas para este lunes, día en que los pescadores se volverán a echar a la mar. Estas treintañeras pasan así siete horas al día. Aguja arriba, aguja abajo. Pura artesanía. Para que después el pescado fresco nos parezca caro.
José Luis, del ladrillo al dibujo a plumilla
200 horas ha pasado José Luis pintando Isis a plumilla. Nada más y nada menos. Antiguo jefe de obra comenzó a dibujar el día que se jubiló. Lo hacer alrededor de cinco horas diarias. Para matar el tiempo. Hasta el 28 de este mes tiene exposición abierta en el Centro Cultural Doctor Madrazo, en la calle Casimiro Sáinz, porque “me gusta que la gente vea lo que dibujo”, dice sonriente. Entre las obras expuestas se encuentra una serie de la antigua Europa, con reproducciones de ciudades en torno a 1850; otra de una docena de iglesias románicas cántabras y aves y animales salvajes. El tiempo medio que le lleva hacer un dibujo ronda las 50 horas. Primero hace el boceto a lápiz y después lo pasa a tinta china. “Si se cae una gota hay que romper el papel”. Como para que te tiemble el pulso.
Enrique, en el bar del Moro, te deja la botella junto al vaso
Lo mejor que tiene el bar del Moro, al final de Marqués de la Hermida, es que cuando pides un blanco te dejan la botella al lado. A eso se llama confianza en el cliente. “Aquí lo que cultivamos son las buenas relaciones”, dice Enrique, hijo del fundador Enrique Pasos ‘el moro’, que abrió el negocio en 1962. Enrique junto con su hermana Montse llevan ahora el negocio, uno de los más concurridos y con más algarabía de la zona. Y además de buen rollo, los del Moro traen la suerte al barrio. El día de los enamorados sellaron 5 aciertos en la Primitiva y en agosto de 2012 repartieron 756.000 euros. Y si te acercas y te toca, ¿qué?
Marilí, la de mariscos Pirichi en el mercado de la Esperanza
Pirichi era el marido de Marilí. Con doce años ya corría por los pasillos del mercado de la Esperanza. Aprendía cada detalle para convertirse en un vendedor de primera. En 1963 abrió un puesto de pescado y mariscos que en 1975 especializó sólo en mariscos. Gambas, cigalas, langostinos, abrecantos, centollas, percebes, muergos, almejas, caracolillos, quisquillas… Falleció y Marilí cogió las riendas del negocio. Hasta hoy. Y lo que queda porque todo su producto es superior.
Mari Nieves y Miriam, las pescaderas de la calle Castilla
¡Qué pedazo de mostrador! Rape, fanecas, lubinas, merluzas, sardinas, bocartes…, ¡cuánta frescura y qué precios! Y con ganas de vender todo este género, madre e hija, Mari Nieves y Miriam. Con todo el oficio del mundo a sus espaldas. Mari Nieves tiene pescadería desde 1973. Abrió en los bajos del edificio Castilla. La cercanía con un colegio le aseguraba la clientela hasta que el centro educativo cerró y hace cuatro años tuvo que mudarse a la calle Castilla, frente al ambulatorio. Y aquí está loca de contenta porque las ventas siguen a buen ritmo. Y para seguir la tradición familiar Miriam ya está al pie del cañon.
María, Teresa y Alicia, las voces femeninas de Onda Cero
Este post desvela un enigma. Las caras de las voces femeninas de Onda Cero Cantabria. ¿Os las imaginabais así? María, Teresa y Alicia (de izquierda a derecha) nos cuentan todos los días lo que pasa en Cantabria. Con rigor en los espacios informativos y cercanía y desenfado en los magazines como el vespertino ‘Aquí en la onda’. ¿A qué esperáis para sintonizar el 91.9?
Los amigos de Miguélez
Ojo con esta cuadrilla. Víctor, Juan, Gelín, Isabel, Corral y Pedro. Ellos son los amigos de Miguélez. Ella la que les cocina todos los miércoles el menú del día en el mesón El Peñón, en el alto de Maoño. Quedan todos los miércoles desde hace más de 20 años. Antes se contaban sus aventuras laborales. La construcción era el sector. Son los culpables de edificar las primeras fincas de la Avenida de los Castros a finales de los 70, el Alisal en los 90 o La Pereda en los 2000. Ahora casi todos están jubilados. ¿A que se les nota en la sonrisa?

