Gente corriente

Buscando sus raíces cántabras

Hace unas semanas, Luis Casuso, seguidor de El Tomavistas nos contaba esta historia de emigrantes y de búsqueda de raíces.

“…Vuelve otra vez, hermano, a éste rincón querido, para que tus hijos vean dónde has nacido…”

Esto es un párrafo de los escritos íntimos de mi abuelo, Manuel G. Casuso, dirigido a su hermano Jose María, emigrado a Argentina, allá, por 1927.
Jose Mariá se casó, tuvo una hija y sucesivamente una nieta: María Isabel Ortiz Casuso
O simplemente, Marisa.
Creció, se licencio en biología e imparte clases en la universidad.
Llegó un momento en el que el deseo de saber su origen se hizo imperioso y motivada por el
” … para que tus hijos vean dónde has nacido …” anduvo buscando por la red, toda información relacionada. Y me encontró. A partir de entonces, preparé su primer viaje a Cantabria. Nos dimos un abrazo silencioso en la recepción del hotel y empezamos a desenrollar la madeja. Fuimos a Setien, al Bº Casuso y le poblamos mentalmente de escenas familiares, frente a la casa donde vivieron su abuelo y el mío. Y hablamos y hablamos y continuamos hablando.
La última vez que nos comunicamos por whatsapp, me decía “… ¿seremos tú y yo el último lazo que una a los casuso…” por aquello de los trasmisores varones del apellido. La conteste:
No te preocupes. Dentro de 50 años, en la recepción de cualquier hotel, alguien dira:
– Disculpe, no he podido evitar oir su nombre. ¿Casuso?
– Sí, Casuso
– ¡Ah ! Encantado, yo también soy Casuso.

Sirva esta historia de homenaje a todos los que se fueron y a todos los que tienen la necesidad de volver al arraigo.

Un portugués que lleva recorridos 85.000 kilómetros en bicicleta durante catorce años llega a Santander


Se llama Adelino Manuel Lopes Ferreira, es portugués, de Setúbal y tiene 58 años. Lleva catorce años dando la vuelta al mundo en su bicicleta y está estos días en Santander a la espera de coger el Ferry que le lleve hasta Inglaterra. Este aventurero ya ha completado unos 85.000 kilómetros y su intención es continuar esta aventura “hasta que la salud me acompañe”.

“Era pescador pero tuve un accidente, me fastidié una pierna y no podía embarcar, por lo que empecé una recuperación en un gimnasio y ahí me aficioné por el ciclismo hasta que un día decidí hacer las maletas e irme a dar la vuelta al mundo”.

Ayer estaba en el muelle Calderon junto a un panel donde muestra fotografías y recortes de prensa de las entrevistas que le han ido realizando en su camino por los distintos países de Europa, África o Sudamérica.

Sobaos Joselín, el empuje de tres generaciones de mujeres pasiegas que van a llevar los sobaos a medio mundo

Vega de Pas. Años 50. Antonia tiene una idea. Aprovechar el obrador de panadero donde trabaja su marido José Luis para hacer sobaos. Se lo cuenta a su amiga Lucía y se ponen manos a la obra. O a la masa. Huevos, mantequilla, azúcar, harina castellana de extraperlo, un poquito de miel para dar brillo y 13 minutos de horno. Nace Sobaos Joselín. Después, a vender a los mercados de Ontaneda, de Selaya y a comercios y restaurantes de Santander. De aquellas maneras. El cuévano, las maletas o cajoneras de madera para el acarreo de unos pocos kilos de género, el burro que ayudaba al cambalache por los puertos. Septiembre de 2016. Laura, la tercera generación de una saga de mujeres emprendedoras, está en una feria de Londres cerrando acuerdos para que los sobaos que creó su abuela se vendan en medio mundo.

Y en el mismo instante María, recién jubilada y con un brillo en los ojos que refleja el orgullo del trabajo bien hecho, nos cuenta toda esta historia en el obrador que construyeron a principios de los 70 en Selaya. “Todo el esfuerzo tiene recompensa y es muy satisfactorio recoger lo que se ha sembrado en toda una vida”, nos dice, mientras unas cuantas operarias lavan a mano las besugueras de las quesadas y otras tantas empaquetan las recién horneadas. Leche cuajada recién ordeñada, amasada con mantequilla, azúcar, harina, huevos, limón, canela, un poco de sal y 30 minutos de horno. Huele que alimenta.

María y su hermana María Ángeles han sido las grandes impulsoras del negocio con una máxima que han seguido a rajatabla. Seguir con la misma fórmula de su madre y aplicar la innovación en el empaquetado para alargar la vida del producto. “Compramos y trabajamos con los mejores productos, con los ingredientes más parecidos al sabor de la infancia. Desde que empezó mi madre y hasta hoy no se ha cambiado nada”. Si algo funciona, mejor no tocarlo.

Joselín, que acaba de inaugurar tienda online, da empleo a 25 personas y está construyendo nueva fábrica para seguir creciendo, pone en nuestras mesas el sobao pasiego con indicación geográfica protegida hecho con mantequilla y el sobao de margarina; quesadas y pastas pasiegas. Productos horneados diariamente que salen de fábrica entre las 15 y 18 horas en servicio urgente para toda España y parte del extranjero. Larga vida a Sobaos Joselín. Y a todas las mujeres cántabras que, con su dedicación y empeño, tiran de la economía de la región.