La gente de Castro conoce muy bien a Óscar Cobo porque lleva haciendo barquillos en su churrería desde hace 42 años. El secreto para hacerlos tan ricos es el cariño, como casi todo en la vida, porque los ingredientes con los que se hacen son de esos que siempre están por casa: harina y azúcar. Descendiente de la Vega de Pas y con él ya son cuatro generaciones familiares de barquilleros. Los santanderinos aprovechad que estos días está en los baños de ola y el producto que vende está recién hecho. 1,80 cada unidad, charla asegurada porque es bien simpático y un sabor que te devuelve a la infancia. Estará en los Jardines de Piquío hasta el 27 de julio.
Gente corriente
Regma o cómo vender un millón de helados cada verano
El verano son momentos. Instantes de felicidad que uno se mete en el bolsillo para tirar de ellos cuando en invierno los días aprietan. Hay uno que busco cada agosto, cuando voy a Santander a pasar algunos días en familia y que nunca decepciona. Comerme un helado de Regma, después de haber pasado un día de playa en El Puntal y llegado a Santander en la lancha de Los Reginas. Me da igual esperar cuando hay cola porque ese helado siempre sabe a gloria. Como una es curiosa y ahora con El Tomavistas estamos empeñados en enseñar a la gente que hace las cosas bien en Cantabria se nos ocurrió, a Miguel Ángel Miguélez y a mi, poner cara al que lidera una compañía que nos da tanto placer. Jaime Castanedo (en la foto) nos abrió, gentil, las puertas de la nueva fábrica de Regma y nos contó una aventura empresarial que dura ya tres generaciones y cuyo éxito está basado en la filosofía de nuestros abuelos: trabajo, trabajo y más trabajo. “Somos una empresa clásica familiar, de gente discreta, que tiene como objetivo que la firma perdure en el tiempo y la mirada puesta en el largo plazo. El negocio es como un miembro más de la familia al que hay que darle cosas y mimar mucho”, nos dice Jaime, gerente de Regma.
Como muchas cosas en la vida Regma nació por casualidad. El abuelo Marcelino Castanedo, mecánico tornero encargado de la fábrica de hielo de la calle Bonifaz, se quedó en el año 1933 con la heladería de un italiano al que le reparaba las máquinas y al que no le iba demasiado bien el negocio. Tenía 35 años. Le compró la tienda y le dio un giro radical. Ofrecer producto fresco y de ingredientes naturales. Y acertó. “El abuelo era un tipo inquieto, muy enredador. Tenía mucha cabeza y muchas ganas de trabajar”, afirma Jaime. Así que cuando en el año 42 se le presentó la oportunidad de coger una confitería que se traspasaba pues se volvió a lanzar a la piscina. Y desde ahí se empezaron a construir las dos áreas de negocio principales de la compañía. La confitería y el helado. En aquel entonces se dedicaban también al frío industrial, con una fábrica de motores e instalaciones frigoríficas. Marcelino cumplió los 65 años y dejó paso a sus tres hijos. Regina y Margarita (RegMa) se quedaron en las tiendas y Jesús pasó a dirigir el negocio. Y el abuelo, seguro que sin saberlo, una vez más por pura intuición, empezó a trabajar con la tercera generación. Desde pequeños, criándolos cuando sus padres estaban dedicados a la empresa. “Este ha sido el mayor éxito. Al criarnos juntos siempre hemos sabido cuáles son nuestros roles y los talentos naturales de cada uno, las relaciones se han trabajado desde pequeños y no hay egoísmo, todo fluye natural y todos tenemos claro que por encima de todo está la familia”, asegura Jaime.
Desde hace un año, Regma ha dado un paso de gigante con la construcción de una nueva planta en Revilla de Camargo que ha multiplicado su capacidad de producción. Pueden fabricar hasta 12.000 litros de helado diarios. “Ahora ya podemos mirar al futuro de frente. Estamos trabajando en nuevos productos, en llegar más lejos e, incluso, en salir de España”. A Jaime se le iluminan los ojos cuando explica los planes de esta nueva etapa. “Queremos también crecer en repostería, con más artículos de producción artesanal y de mayor duración”. Dice de su abuelo pero a él también se le ve un tipo enredador. Y con los pies en el suelo. Muy pegado al suelo. “Para hacer la fábrica le hemos tenido que pedir dinero al banco. Pero poco. Siempre hay que tirar por lo bajo”. Y también con mucha capacidad de trabajo. “No recuerdo nunca haberme cogido un mes de vacaciones. Como mucho una semana”. Se ríe.
Regma tiene ahora 25 tiendas abiertas, una en Asturias y otra en Aguilar de Campoo. Da trabajo a más de un centenar de personas y vende más de un millón de helados cada verano. Sí, un millón de esos enormes helados con los que te tienes que pelear para que no se derritan en la mano. La cantidad es una de las enseñas de la firma. “Es que no hay que querer ganarlo todo con un helado. Mejor que el cliente esté contento. Mejor ganar 5 céntimos que 15 por cucurucho y que vuelva. Es fundamental tener presente que el que come todos los días un helado sabe más que tú y que si le intentas engañar se entera”, asevera Jaime Catanedo.
Con esta filosofía de vida y de gestión Regma tiene todo el futuro por delante. Un futuro en el que lograr muchas metas. Suerte y que nosotros las veamos.
Pasión por el swing
Apunten esta palabra Lindy Hop. Es el estilo de baile que se mueve a ritmo de swing y que se está poniendo muy, muy de moda. Ya sabéis que yo vivo en Barcelona, ciudad donde tiene un éxito arrollador. No hay domingo que pasees por el barrio de Gràcia y no haya algún grupo de vecinos bailando Lindy Hop. Y es imposible no pararse a verlos porque emiten una energía súper positiva. La sonrisa no se les borra de la cara y, claro, eso se contagia. A Santander ya ha llegado esta corriente. El fin de semana pasado en las fiestas de Solsticio de la calle del Sol un montón de parejas bailaban con la música en directo de Los Pájaros del Swing y hay un grupo de Facebook, Punto Swing Santander, que agrupa la información sobre eventos, conciertos y talleres que se celebran en la región y a nivel nacional e internacional. Si os apetece ver a toda esta gente en directo, mañana a las 20,30 horas en la plaza de Pombo moviendo el esqueleto. Yo no me lo perdería. Contagian frescura.
Santa Luzia, una neotaberna pijo rusti chic que hoy abre en Mazcuerras
La que nos da la bienvenida a Santa Luzia es Pilar Verlarde. ¿Os suena su cara? Es normal porque seguro que muchos de vosotros habéis estado en Bodega La Montaña picando algo o comiendo un menú del día. Santa Luzia es su nueva aventura gastronómica. ¿También os suena el lugar? Seguro que también, porque muchos habéis tomado un chocolate con churros en esa casona de Mazcuerras. Sí, es la que está junto al puente, la Venta de Santa Lucia, la de toda la vida. Mi abuelo pasó horas y horas en ese porche de charla con un paisano que hacía albarcas y yo he pasado otras tantas pescando peces en el Saja que después mi madre me hacía en tortilla francesa. Aaayyy los recuerdos.
Vamos al lío. ¿Habéis visto qué cambio? Lo que era una casona de piedra, pesebrera, de madera oscurecida se ha llenado de color y de detalles. “Es un sitio tradicional que se ha reinventado en una neotaberna, pijo rusti chic”, nos dice Pilar. La reforma la han hecho de la mano de Inmobiliaria San Fernando y del saber hacer de su directora Carmen González y de su equipo de profesionales, que como veis hacen cosas bien chulas.
¿Y qué se come? Santa Luzia huye de los cocidos tradicionales de la zona y de la comida de vanguardia. Están en medio. Cocinan cosas sencillas, pero graciosas, desenfadadas. Le hemos pedido a Pilar que escogiera algunos platos de la carta y nos recomienda para empezar una ensalada de algas kombu con langostinos, después picaría un ceviche de lubina y pulpo y un tartar de solomillo y acabaría con una hamburguesa de tudanca rellena de queso divirín. De postre, un canónigo típico de Liébana. El ticket medio rondará los 25 euros por persona.
Lo mejor de Santa Luzia es que no es sólo un sitio para comer, se puede echar el día y por eso lo han bautizado como Espazio Gastronómico. Si hace bueno tienen un jardín estupendo donde disfrutar de la naturaleza junto al río y donde los chavales pueden correr y tú echar el aperitivo; los domingos se volverán a servir los tradicionales churros con chocolate y hay una zona de sofás donde darle a la charla acompañado de un buen gin tonic. Este verano también habrá música en directo. Qué más se puede pedir. Suerte Pilar en este nuevo proyecto.
La Botica del Puente, la más antigua de Santander, se sube al tren de las nuevas tecnologías
El oficio de cuatro generaciones de boticarios se resume en esta frase. “En la farmacia vendes si eres simpático”. Es la máxima con la que trabaja Antonio Navedo, en la foto acompañado por su mujer Paula Alonso, y Carmen, Patricia e Isabel. Es el bisnieto de un farmacéutico cubano que llegó a Santander expulsado de la isla por las revueltas de esclavos y que dio continuidad a la que hoy es la farmacia más antigua de Santander. La Botica del Puente fue fundada en 1806 por un francés y estaba situada en el antiguo puente que unía la Catedral con la Compañía de Jesús. Tras la marcha de Cantabria de la familia francesa, Cándido Navedo se quedó con el local. Y a partir de ahí aventuras varias. En tiempos de la República fue requisada por los trabajadores de farmacia; en el 41 el gran incendio de Santander se la llevó por delante, así que se trasladó al edificio del Banco de Santander. Desde el año 52 está en la ubicación actual, en el Paseo Pereda, 4.
Un sinfín de elementos clásicos (lámparas de Murano, botes de porcelana, estanterías de castaño) conviven en el interior de la botica con las nuevas tecnologías. Desde el 1 de marzo tienen tienda online abierta los 365 días del año. “Hay que adaptarse a los tiempos”, dice Antonio. Ilusionados con la futura apertura del Centro Botín hasta están retomando el estudio del inglés. Venga quien venga y tirando de experiencia seguro que será bien atendido en la Botica del Puente. Por muchos años.

Se buscan chicas para jugar al rugby
Ángela, Patri, Leila, Elena, Fueyo, Ina, Carlota y Eli. Muñoz de entrenador. Son los que posan en la foto y los que desde septiembre forman la división femenina del Universitario Rugby Club Cantabria. Nos han llamado porque están buscando a nuevas chicas que quieran integrarse en el equipo para poder competir. Necesitan completar un grupo de entre 15 y 20 chicas para disputar los campeonatos de verano. Este sábado hay uno en Laredo y en agosto se celebran amistosos en Noja, Santoña y Suances. Por cierto, quieren que nos quitemos los prejuicios respecto al Rugby. “No es violento, sólo es de contacto y de verdad que no se corren riesgos”, nos dice Eli. “Es un deporte muy divertido, en el que hay muchas cosas que aprender, en el que no necesitas una condición física concreta, sólo entrenar y querer disfrutar”. Entrenan martes y jueves de 20,30 a 22 horas en el instituto Augusto Linares en Peñacastillo. Si os animáis podéis contactar con ellas en esta dirección de Facebook: facebook/UniversitarioRugbyClubCantabriaFemenino.
Un artista que abre las puertas de su estudio para que puedas ver su arte en primera persona
Omer Ilksen Akcil abrirá las puertas de su estudio este fin de semana para que todos podamos ver cómo trabaja un artista en primera persona. La cita es el viernes de 18 a 23 horas y el sábado de 11 a 23 horas en la calle J.Ramón López Dóriga, 3. El viernes asistirán diferentes personalidades del mundo cultural de la región como Pablo Hojas y Roberto Orallo, una oportunidad para charlar también con ellos si sois fans. Omer, turco y residente en Santander desde hace un año, tiene una mirada introspectiva en sus obras. Cree que al comprenderse a uno mismo es más fácil entender a los demás.
Descanse en paz Alberto Pico
Lafuente Floristas, cinco generaciones vendiendo flores con alma santanderina
En estas dos fotos hay tres generaciones de floristas. Neli Palacio paraguas en mano y 81 años de oficio, junto a la emblemática tienda de LaFuente Floristas en los Jardines de Pereda, proyectada por Javier González de Riancho en los años 50. Ya sabéis que es el arquitecto que firmó el Palacio de la Magdalena. Alma mater de la empresa en las últimas décadas. En el Espacio Floral de Igollo de Camargo están sus hijos. Goyo, el mayor, experto en diseño floral y en decoraciones. Tito el que desde hace un año está capitaneando la revolución tecnológica y de márketing de la compañía. “Hay que estar en internet y en las redes sociales para que te vea el mundo”, dice Tito “y para contrarrestar el golpe de la subida del IVA y la bajada de consumo que está asociada a la crisis”, apunta Goyo.
Y la nietuca, que corretea por los viveros y los invernaderos como si no hubiese mañana. Tiene pinta de que la continuidad está asegurada. Ella lideraría la sexta generación de Lafuente floristas.
Goyo y Tito están empeñados en transmitir que las flores tienen alma y en acercar todo el romanticismo que tienen a los santanderinos. “Estamos volviendo a cultivar en nuestros viveros, apostamos por el kilómetro cero (vender producto de aquí) y queremos compartir con la gente la pasión floral que sentimos”. Volver a la esencia es su meta y su valor añadido. Es decir, poder comprar flores que huelan y de temporada, algo que se ha ido perdiendo porque el consumidor ha apostado más por el precio que por la calidad. Echad la mente a volar y recordad el olor a nardo o a azahar. Son sensaciones que te alegran un día malo. Volver a la esencia es poder acercarte a los viveros y cortar tu mismo las flores que quieras. Eso hacía yo con mi bisabuela cuando las rosas de la casa del pueblo empezaban a florecer. Desde que se fue no lo he vuelto a hacer. Sería bonito recuperarlo. Volver a la esencia es alquilar un metro cuadrado de terreno y encargar el cultivo de esa tierra con las flores que más te gusten, o incluso recibir algún curso de arte floral. El saber no ocupa lugar.
Transformar los viveros de Igollo de Camargo de un lugar de trabajo a otro de encuentro para los apasionados de las flores es una magnífica idea de futuro. Y liderada por Goyo y Tito, dos tipos con mucho oficio, profesionalidad y ganas es garantía de éxito. Les deseamos toda la suerte del mundo en esta nueva andadura de una empresa con más de 134 años a sus espaldas, historia viva de nuestro Santander.
El paseo de Feli
Hacer El Tomavistas es estupendo porque nos gusta enseñar el día a día de Cantabria pero lo mejor es la cantidad de gente estupenda que estamos conociendo por el camino. En el pincho pote solidario de Bodega La Montaña una santanderina se acercó para darnos las gracias porque desde su oficina del centro se podía asomar a los paisajes que su madre recorría todos los días en su paseo diario desde la plaza de las Estaciones hasta Piquío, donde se sentaba en el banco que da a la Primera del Sardinero y curaba todos los males. Decía que era el mejor psiquiatra. Asomarse a El Tomavistas le acercaba a Feli, su madre. Las buenas sensaciones eran tales que hasta le hicieron un video con muchas de nuestras fotos que hoy queremos compartir con todos porque hace unos años tal día como hoy Feli se fue y no encontramos mejor manera de recordarla. La ópera siempre fue la banda sonora de sus paseos.























