Clara, María José, Ángel y Manuel están aprendiendo las faenas del campo. En Villacarriedo trabajan un huerto en el que han plantado hortalizas de la zona. Son el ejemplo viviente de lo que es renovarse o morir. Hace seis meses estaban en el paro, rebotados casi todos del sector de la construcción y ahora ven el futuro un poco más claro gracias al proyecto de empleo verde ‘Cultivar la Tierra’ que este año se ha puesto en marcha en los Valles Pasiegos. “Hay que generar puestos de trabajo a partir de los recursos naturales que tiene la comarca y recuperar estos haceres que se estaban perdiendo en los últimos años”, dice Agustín Ibáñez, coordinador del programa, subvencionado con más de 100.000 euros por el Servicios Cántabro de Empleo. En total son quince los beneficiarios y están realizando trabajos agroforestales y agrícolas con el ánimo de que todo esto siga para adelante y puedan tener una continuidad laboral. Los cultivos son ecológicos y los frutos se reparten entre familias necesitadas de la comarca. En Santibáñez están plantando una parcela pequeña, junto a la escuela, que también sirve para la educación ambiental de los chavales. Las labores forestales se están centrando en la reforestación de parcelas y montes para la generación de madera. En la foto junto a Clara, Maria José, Angel y Manuel están Agustín Ibáñez, Pedro Gómez, presidente de la Mancomunidad de los Valles Pasiegos, Leire Díez, vicepresidenta de la Mancomunidad y Ángel Sáinz, alcalde de Villacarriedo.
Valles Pasiegos
El Palacio de Donadío en Selaya, otra de las joyas de los valles pasiegos
Hoy hemos ido a echar la mañana a Selaya, en el corazón de los valles pasiegos. En la plaza de la Colina, frente a la bolera, se levanta el Palacio de Donadío, construcción del siglo XVI formada por una torre central defensiva que data de la época medieval y un palacio de planta rectangular que la circunda. Su portada, con un arco de medio punto sostenido por dos columnas de estilo toscano, se entrelaza con uno de los cinco balcones que posee su fachada, y se ve rematado en un frontón curvo cortado y un escudo con las armas de la casa de Arce entre dos leones.
Al palacio lo rodea un muro en el que destacan rollos heráldicos y una magnífica portalada con arco de medio punto entre pilastras, con pináculos, bolas y escudo yelmado,en el que están tallados cuatro lises y debajo un guerrero portando una espada en una mano y apoyado contra un árbol con la otra, sobre un puente de cuatro arcos por los que pasa agua. A su izquierda cinco cabezas de moro cortadas.
Una fachada tan elaborada resulta destacable en la arquitectura cántabra de la época y es lo más destacable del municipio en cuanto a arquitectura civil se refiere.
Vacas que te miran a los ojos
Puente Viesgo está habitado desde hace 150.000 años
Vaya si tiene historia este pueblo de los valles pasiegos. En Puente Viesgo las cuevas del Monte Castillo son testimonio de que en la zona vive gente desde hace 150.000 años. La recolección y la caza eran el sustento de nuestros antepasados y Monte Castillo un lugar ideal por su situación a la salida del valle del Pas, donde el trasiego de animales hacia los pastos de altura era constante. Las cuevas, abiertas al público, poseen el arte paleolítico más antiguo del
mundo de al menos 40.800 años de antigüedad. Caballos, bisontes, ciervas, uros, ciervos, cabras o un mamut son algunas de las pinturas que hicieron sobre las paredes los antiguos artistas.
Pero Puente Viesgo no son sólo sus cuevas también tiene un paseo bien agradable. La belleza del río Pas, con sus pozos y salmones, el balneario que aprovecha los poderes curativos de sus aguas, la presa, el camino de la antigua estación, la iglesia, la casona de Fuentes Pila donde hoy se ubica el Ayuntamiento y sobre todo la vida rural que se respira en sus calles.
Villacarriedo te deja con la boca abierta
Lo tenemos aquí al lado. A 40 minutos de Santander en coche. En Villacarriedo está el palacio de Soñanes, la principal muestra del barroco cántabro. Te sientes pequeñito ante tan descomunal arquitectura. Y más cuando consultas las fechas. Resulta que lo construyeron entre 1719 y 1724. Y das gracias de que lo conservemos en tan impecable estado. La fachada tiene abundancia de pilastras y columnas corintias, fustes estriados, salomónicos y abalaustrados, frisos adornados con hojarascas o acanaladuras, frontones enteros o partidos sostenidos por columnillas retorcidas, modillones, acroteras, gárgolas y pináculos. Una barbaridad. Vaya un par de fachadas.
Pero es que caminas cincuenta metros y te encuentras una estupenda barriada en hilera. Con esos aleros de madera y las macetas dando color a balcones y porches. Y un olor a chimenea recién encendida que te lleva a recuerdos de la infancia.
Y te das la vuelta y ahí está la iglesia de San Martín del siglo XVIII. Un lugar de recogimiento para reflexionar sobre la vida. Sólo si quieres.
Los paisajes verdes de praderías delimitadas por muros de piedra y cabañas pasiegas las dejamos para otro día porque los Valles Pasiegos dan para mucho y siempre te dejan con ganas de más.













