Somos del norte, pero miramos al sur. Los intrépidos romanos que fundaron la ciudad decidieron levantarla en la bahía. A refugio de los embates del recio Cantábrico y los gélidos vientos del norte. Debemos estarles eternamente agradecidos.
Centro de Santander
Insólito Cañadío
Ángela y amigos peregrinan por Cantabria
Ángela (segunda por la izquierda) es de Gijón. Vive en Sevilla desde hace más de 20 años. Razones laborales. Trabaja como periodista en Canal Sur y para desconectar del ajetreado mundo de las noticias se echa a caminar. Dice que ir despacio le ayuda a disfrutar de los paisajes y le sirve para escucharse a si misma. Un espacio para la introspección. Viene caminando desde Bilbao, en etapas de 25 kilómetros, por la ruta norte del Camino de Santiago. Y en el camino ha hecho amigos. Ángel, de Zamora; Antonio, de Madrid; y Sara, de Barcelona posan junto al edificio de Correos. ¡Buen viaje!
Félix, 27 años en el Bahía Herbosa
Varias generaciones de vecinos del último tramo de Castilla-Hermida conocemos a Félix. Lleva 27 años tras la barra del Bahía Herbosa. Nos ha visto crecer y nos ha dado de comer y de beber en tantas ocasiones. Experiencia que también le ha hecho maestro de camareros. De todos los que han compartido trabajo con él. Como Ana. Ahí está, a su lado. Los habituales de los cines Bahía haced memoria porque seguro que os ha puesto algún pincho antes de entrar a ver la ‘peli’. Ahora los cines son trasteros y garajes. Los tiempos.
Un claustro para días lluviosos
El claustro de la catedral de Santander es un buen lugar para refugiarse. De un mal día, de alguna compañía tóxica, de la lluvia. Y buscar un poco de paz. ¿Por qué no? Las iglesias, seas creyente o no, suelen ser lugares donde se respira buena energía. Están en calma. Este claustro tiene planta trapezoidal y se construyó durante la primera mitad del siglo XIV.
Reflejos en el Paseo Pereda
¡Hasta el moño de paraguas!
Si llueve el día de la Ascensión cuarenta días más de agua son. Y sí, este año, el refranero se está cumpliendo. Poco falta para que a los santanderinos les salgan escamas con las ganas que ya hay de playa. El pasado febrero fue el más lluvioso desde 1931, con una media de 275 litros de agua caídos del cielo por metro cuadrado.





