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Leticia Vila, sumiller de Bodega la Montaña y Santa Luzia, vive atrapada por el vino

leticia-bodega-la-montana Sumiller. Dícese de la persona que en un restaurante se encarga de diseñar la carta de vinos, contactar con los proveedores, cuidar del buen estado de las botellas, aconsejar a los clientes sobre qué caldo tomar y servirlo con cariño y diligencia. De todo ello se encarga con pasión Leticia Vila. Siempre con una sonrisa en la boca y dispuesta a escuchar a los clientes en las salas de Bodega La Montaña, en Santander, y el restaurante Santa Luzia, cerca de Mazcuerras.

– ¿Cuántos vinos has probado en el último año?
Más de 200 vinos. También cervezas, cafés y destilados. Hay una razón de peso. He estado cursando el master de sumillería y enomárketing en el Basque Culinary Center.

– Supongo que de todo tipo y procedencia.
Sí, claro. De España, Francia, Australia, Argentina, Valle de Napa… Los he probado muy buenos y muy malos, con botritis, sulfurosos, con corcho. También modificados.

– ¿Qué está de moda?
La garnacha y las etiquetas modernas, los vinos ecológicos. Guillermo Cruz, uno de los mejores sumilleres de España, va por el mundo dando conferencias sobre la garnacha. Los vinos de Rivera Sacra, tanto blancos como tintos, no dejan indiferente.

– Una bodega que te enamore.
Señorío de Cuzcurrita. Está en Rioja, cerca de Haro. Hace un vino ecológico en una bodega que tiene mucha historia.

_ ¿Cuál es la bodega mínima que debe tener un restaurante?
Al menos debe tener 35 referencias que hay que rotar cada seis meses para dar novedad al cliente. Si un vino no gusta hay que sacarlo de la carta.

– ¿Cómo recomiendas un vino al cliente?
Las primeras preguntas son: ¿Tinto o blanco? ¿Con cuerpo o más suaves? Y les observas un poco. Recomiendo vinos de precio medio porque los caros te los piden. La gente joven es mucho más abierta a probar cosas nuevas. Si aciertas en la recomendación en otras ocasiones el cliente se deja llevar por ti. Si te equivocas, hay que retirar la botella, pero sin riesgo no hay emoción.

Santa Luzia, una neotaberna pijo rusti chic que hoy abre en Mazcuerras

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santa-luzia-pilar-velarde-mazcuerras-cantabria La que nos da la bienvenida a Santa Luzia es Pilar Verlarde. ¿Os suena su cara? Es normal porque seguro que muchos de vosotros habéis estado en Bodega La Montaña picando algo o comiendo un menú del día. Santa Luzia es su nueva aventura gastronómica. ¿También os suena el lugar? Seguro que también, porque muchos habéis tomado un chocolate con churros en esa casona de Mazcuerras. Sí, es la que está junto al puente, la Venta de Santa Lucia, la de toda la vida. Mi abuelo pasó horas y horas en ese porche de charla con un paisano que hacía albarcas y yo he pasado otras tantas pescando peces en el Saja que después mi madre me hacía en tortilla francesa. Aaayyy los recuerdos.

Vamos al lío. ¿Habéis visto qué cambio? Lo que era una casona de piedra, pesebrera, de madera oscurecida se ha llenado de color y de detalles. “Es un sitio tradicional que se ha reinventado en una neotaberna, pijo rusti chic”, nos dice Pilar. La reforma la han hecho de la mano de Inmobiliaria San Fernando y del saber hacer de su directora Carmen González y de su equipo de profesionales, que como veis hacen cosas bien chulas.

¿Y qué se come? Santa Luzia huye de los cocidos tradicionales de la zona y de la comida de vanguardia. Están en medio. Cocinan cosas sencillas, pero graciosas, desenfadadas. Le hemos pedido a Pilar que escogiera algunos platos de la carta y nos recomienda para empezar una ensalada de algas kombu con langostinos, después picaría un ceviche de lubina y pulpo y un tartar de solomillo y acabaría con una hamburguesa de tudanca rellena de queso divirín. De postre, un canónigo típico de Liébana. El ticket medio rondará los 25 euros por persona.

Lo mejor de Santa Luzia es que no es sólo un sitio para comer, se puede echar el día y por eso lo han bautizado como Espazio Gastronómico. Si hace bueno tienen un jardín estupendo donde disfrutar de la naturaleza junto al río y donde los chavales pueden correr y tú echar el aperitivo; los domingos se volverán a servir los tradicionales churros con chocolate y hay una zona de sofás donde darle a la charla acompañado de un buen gin tonic. Este verano también habrá música en directo. Qué más se puede pedir. Suerte Pilar en este nuevo proyecto.

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