Gente corriente

Las misteriosas esculturas de la península de la Magdalena. ¿Sabes quién las hace?

cara-arbol-magdalena-santander Los que paseáis habitualmente por la península de la Magdalena seguro que os habéis encontrado con árboles caídos que ahora son esculturas y misteriosas caras que surgen de algunos de los troncos. Rogelio Verdeja, trabajador de Parques y Jardines, es el autor de tan curiosas estampas.

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La danza mestiza americana bajo la mirada y el pincel de Indalecio Sobrino

indalecio-sobrino-danza-vida Indalecio Sobrino tiene exposición en el Espacio Fraile y Blanco. Es un homenaje al Alvin Ailey American Dance Theatre, una compañía que enamoró al autor en agosto del 88, en una representación que protagonizaron en el Festival de la Plaza Porticada. Danza mestiza con un soporte musical basado en antiguos espirituales y composiciones del mundo del jazz con un ritmo colorista y lleno de fuerza.

Indalecio quedó tan impresionado que cogió un cuaderno de dibujo y unas ceras y se plantó en Nueva York para retratar a los bailarines en sus jornadas de ensayo. Ahora, 25 años después revisita el tema a través de unos lienzos que ofrecen una visión coral del ballet, llenos de color y en los que el movimiento de los bailarines cobran protagonismo. Hay tiempo hasta marzo para pasarse por la exposición.

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Delicatessen La Ermita, la pasión de tres hermanos cántabros por llevar los productos de su tierra lo más lejos posible

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Cantabria es una tierra de gente con mucho empuje. Mirad la historia de Delicatessen La Ermita. Tres hermanos de San Pedro de Rudagüera, un pueblo de cien habitantes, cogen en 1989 la tienda de ultramarinos que tenían los padres desde los años 60 y le añaden un restaurante y algunas habitaciones. A Amparo (en la foto), Cándido y Ramón Salmón la aventura les funciona y en 1993 amplían el negocio con la compra de una antigua casona en Puente San Miguel. Ahí, dan de comer, entre otros muchos clientes, a militares que les animaron a participar en la subasta pública para hacerse cargo del servicio de comidas de La Yeguada militar de Ibio y la Remonta de Santander. Y la ganaron. Se metieron de cabeza en el mundo del catering. En las dependencias militares, además de los servicios de comidas diarias, se organizaban eventos así que tuvieron que equiparse con mantelería, vajilla…  y ya que tenían el material, decidieron dar sus servicios donde surgiera: ayuntamientos, empresas privadas, fincas e incluso casas de particulares. Lo siguiente, nos cuenta Amparo, surgió de manera natural. “¿Y si colocamos en lineales de supermercados y tiendas los platos con más éxito del catering?”. Con esa idea en la cabeza compraron en el año 2000 el terreno en el que hoy se levanta la fábrica de Casar de Periedo de Delicatessen La Ermita y en 2002 fueron a la feria Alimentaria con su gama de productos. Después de esto trabajo, trabajo y más trabajo para llevar toda su producción a los hogares de la gente.

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La filosofía de La Ermita pasa por utilizar productos de primera calidad y, a poder ser, de Cantabria. Sólo hay que ver esos limones, que pelan a mano, con los que hacen los lácteos de ese sabor. “Nosotros venimos del mundo de la restauración, somos cocineros, y eso se nota en cómo hacemos nuestros productos, sin conservantes y sin aditivos. Cuenta más el ojo que la informática porque el punto de cocción de una alubia cambia de una remesa a otra. La leche se la compramos todos los días a un ganadero de Quijas y de toda la gama de productos, que ya pasan de la treintena, sólo el chocolate viene del extranjero, es belga”, explica Amparo. Fijaos el compromiso que tienen con la materia prima que este año hasta han plantado sus propias berzas para hacer el cocido montañés que, por cierto, fue el primer producto que sacaron al mercado junto con el arroz con leche.

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En 2010 dieron otro paso hacia adelante y montaron una tienda propia en Santurce, para testar si podría ser otra vía de negocio. La llamaron La Casa del Yogurt y el experimento volvió a funcionar. Ahora tienen tiendas propias y también franquiciadas en Cantabria, Vizcaya y Burgos , donde se puede comprar leche fresca. Amparo recibió el premio a la mejor empresaria de Cantabria en el año 2014 por su “formación, vocación, versatilidad y su papel de emprendedora”.

Estos tres hermanos de un pequeño pueblo de Cantabria dan empleo a 60 personas, su fábrica funciona las 24 horas del día, facturan cinco millones de euros y en 2016 se han puesto como meta conquistar mercados extranjeros. Desde hace unos cuantos años están en París pero quieren llegar hasta Alemania o Nueva York. ¿Por qué no? A estos hermanos, que reman siempre en la misma dirección, pocas cosas se les pondrán por delante.

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Salami, una cárnica cántabra que empezó con la compra de una vaca al contado, ahora factura 3 millones de euros y tiene el reto de exportar

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He aquí la historia de una empresa que empezó cuando Juan Antonio López, el gran Antón, compró una vaca al contado y montó una carnicería en la calle Vargas de Santander, junto a Correos. La Carnicería del Cuerno la llamaban. Eso fue en 1958. Unos cuantos años más tarde, la empresa la lidera Carmen, su hija, energía en estado puro, y factura tres millones de euros al año. Todos vosotros conoceréis la marca por su producto estrella, el Lunch, ese que lleva estampado un cerdo con frac en la etiqueta, y que tiene ese sabor que te lleva directamente a la infancia.

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Carmen, muy fan de El Tomavistas, nos invitó esta Navidad a ver la fábrica y ya de paso charlamos un poco sobre la empresa. Ya sabéis que nos gusta contar historias de éxito empresarial de la región. Resulta que el gran Antón empezó haciendo morcillas que gustaban mucho, tanto que en los años 60 se formaban colas para comprarlas. La carnicería, poco a poco fue creciendo, y en 1978 se lió la manta a la cabeza y decidió montar una fábrica en la calle Primero de Mayo. En 1996 se mudaron a Merca Santander. Su secreto, seguido a rajatabla por las nuevas generaciones, fue trabajar con productos de primera, primerísima calidad. “Yo estoy aquí para consolidar el legado de mi padre -cuenta Carmen- así que esa máxima no cambia. En Salami no hacemos segundas líneas de producto. Nos gusta hacer productos artesanos”.

Desde hace unos meses tienen un pequeño quebradero de cabeza con los callos, otro de sus ‘best sellers’. Resulta que los chinos se han puesto a comer callos como locos y comprar el producto les está saliendo un poco más caro que antes. En la fábrica fuimos testigos de cómo Conchi, Pili y Rosa, las dos primeras llevan más de 40 años en la compañía, limpiaban los callos uno a uno. La gama de productos la completan con salchichas frescas, barra York 11×11, salchichas Frankfurt, bacon, chorizo criollo, lomo westfalia, lomo y costilla adobada y un codillo cocido, que se mete al horno 20 minutos y está listo para comer. “El consumidor lo que pide ahora es abrir la tapa y que se pueda comer -dice Carmen- y precio, claro”.

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2016 se presenta con el gran reto de empezar a vender fuera, exportar desde Cantabria, para dar a conocer sus productos y marca en el exterior. En España están en todas las cadenas de gran distribución y hay que seguir pensando en grande como lo hizo el fundador. Ahora están con el papeleo de las certificaciones, imprescindibles para poder conquistar nuevos mercados. Durante la charla el Whatsapp de Carmen vive en una vibración constante. “Son pedidos”. “¿Por Whatsapp?”, pregunto. “Si son pedidos que entren por donde quieran”. Con esa actitud llegarán a donde quieran.

Sara Morante o cuando a la biblioteca de tu cole le ponen tu nombre

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Sara Morante es profeta en su tierra. La semana pasada el IES Miguel Herrero de Torrelavega le puso su nombre a la biblioteca en un acto “precioso y muy emocionante”, en palabras de esta exalumna, un talento del mundo de la ilustración y la escritura. Premio Nacional de Ilustración Arte Joven, lleva cinco años poniendo dibujos a historias ajenas publicadas por las mejores editoriales de España, Francia y Brasil y en mayo debutó como escritora con la novela ‘La vida de las paredes’, muy bien tratada por crítica, libreros y lectores, en la que la calle Argumosa de Torrelavega toma protagonismo.

En la novela, a la que acompañan una treintena de ilustraciones, narra la historia de un caserón de principios de siglo XX y de sus habitantes, una peculiar comunidad de vecinos que comparten sus vidas en torno a una escalera, a través de escenas muy visuales y un tanto oníricas.

Dibuja y escribe, sus pasiones desde la infancia, gracias al empeño de una profesora visionaria que le animó a seguir este camino, cuando ni ella lo tenía claro. “A la biblioteca le tendrían que haber puesto el nombre de María Loreto Pomar. Si tienes la buena suerte de encontrarte con profesores como ella, que se preocupan por el talento y la vocación de los alumnos, todo es más sencillo. Ella me inscribió en el bachillerato de arte sin yo saberlo y gracias a eso hoy estoy aquí”, nos cuenta Sara.

2016 será mas de letras que de dibujos para esta joven cántabra que ahora se siente “inoculada por la escritura”. Aquí estaremos esperando sus próximos trabajos y mientras tanto leeremos ‘La vida de las paredes’.

Leticia Vila, sumiller de Bodega la Montaña y Santa Luzia, vive atrapada por el vino

leticia-bodega-la-montana Sumiller. Dícese de la persona que en un restaurante se encarga de diseñar la carta de vinos, contactar con los proveedores, cuidar del buen estado de las botellas, aconsejar a los clientes sobre qué caldo tomar y servirlo con cariño y diligencia. De todo ello se encarga con pasión Leticia Vila. Siempre con una sonrisa en la boca y dispuesta a escuchar a los clientes en las salas de Bodega La Montaña, en Santander, y el restaurante Santa Luzia, cerca de Mazcuerras.

– ¿Cuántos vinos has probado en el último año?
Más de 200 vinos. También cervezas, cafés y destilados. Hay una razón de peso. He estado cursando el master de sumillería y enomárketing en el Basque Culinary Center.

– Supongo que de todo tipo y procedencia.
Sí, claro. De España, Francia, Australia, Argentina, Valle de Napa… Los he probado muy buenos y muy malos, con botritis, sulfurosos, con corcho. También modificados.

– ¿Qué está de moda?
La garnacha y las etiquetas modernas, los vinos ecológicos. Guillermo Cruz, uno de los mejores sumilleres de España, va por el mundo dando conferencias sobre la garnacha. Los vinos de Rivera Sacra, tanto blancos como tintos, no dejan indiferente.

– Una bodega que te enamore.
Señorío de Cuzcurrita. Está en Rioja, cerca de Haro. Hace un vino ecológico en una bodega que tiene mucha historia.

_ ¿Cuál es la bodega mínima que debe tener un restaurante?
Al menos debe tener 35 referencias que hay que rotar cada seis meses para dar novedad al cliente. Si un vino no gusta hay que sacarlo de la carta.

– ¿Cómo recomiendas un vino al cliente?
Las primeras preguntas son: ¿Tinto o blanco? ¿Con cuerpo o más suaves? Y les observas un poco. Recomiendo vinos de precio medio porque los caros te los piden. La gente joven es mucho más abierta a probar cosas nuevas. Si aciertas en la recomendación en otras ocasiones el cliente se deja llevar por ti. Si te equivocas, hay que retirar la botella, pero sin riesgo no hay emoción.

Le ponemos cara a Antonio Ruiz, nuestro fotógrafo de cabecera: “Hay que bajarse del coche y echarse a andar si quieres hacer buenas fotos”

antonio-ruiz Muchas de las fotos con más fuerza visual que publicamos en El Tomavistas proceden de la cámara de Antonio Ruiz. Su generosidad nos permite mostraros imágenes que nosotros somos incapaces de hacer con nuestro Ipad. Antonio vive por y para la fotografía desde que su padre a principios de los años 90 le regaló una cámara con laboratorio fotográfico incluido. Desde ese momento empezó a experimentar y a aprender de forma autodidacta. Hasta los químicos los fabricaba él mismo, gracias a su profesión. Es auxiliar de farmacia. Después llegó la revolución digital y tuvo que aprender algo de photoshop. “Antes la fotografía tenía más misterio. Tirabas un carrete y hasta el día siguiente no sabías qué iba a pasar”, nos dice, pero hay que adaptarse a los nuevos tiempos.

Lo que más le gusta es la fotografía de paisajes y la nocturna, de cualquier rincón de Cantabria. “Me adapto al tiempo y a la estación del año para elegir lugar. Ahora, por ejemplo, está espectacular el Saja y dentro de muy poco estará a punto el Asón”, nos dice. Se levanta bien temprano porque le gusta ver amanecer desde donde va a hacer la sesión del día. “Hay que bajarse del coche y echarse a andar si quieres hacer buenas fotos”, asegura. “Hay que darse cuenta del entorno. A mi me gusta ir sólo, sin hablar, con todos los sentidos abiertos para ver más cosas. A veces hasta he hecho fotos con el oído. Oyes algo, te das la vuelta y disparas. Después miras qué hay en la foto y salen cosas increíbles”, continúa.

Después de un día por las callejas y montes de Cantabria puede tirar 5 fotos o 300. Depende de lo que haya dado de sí la excursión. Pero a final de mes suele guardar unas 1.000. Poder disfrutar de las imágenes de Antonio es un lujo. Ya tenemos ganas de ver ese otoño que tanto promete. Aquí un aperitivo.

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Crónica de la mar salada

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Rosa Turkita y Omer Ilksen estaban este verano pasando un día de playa en Loredo y se les encendió la bombilla. Normal, porque la mar inspira. Tenían el encargo de realizar una exposición conjunta en octubre. Ella es una apasionada de la fotografía y él, pintor abstracto. “Cuando llego a la mar, siempre me paro, y la mente se queda en blanco. ¿Qué sentimos, a dónde nos lleva la mar?”, dice Rosa Turkita. Con esta reflexión como leiv motiv empezaron a trabajar.

Las fotografías de Turkita respiran poesía y reflejan a un montón de almas transitando por el mismo lugar, la playa de Loredo, frente a la omnipresente isla de Mouro. Familias, almas solitarias, peregrinos…

Las pinturas de Omer también profundizan en las sensaciones que nos provoca la mar. Sus óleos, a espátula y a pincel, invitan al espectador a imaginar. Líneas suaves en algunas obras, reflejos más agresivos, olas, atardeceres…

Crónica de la mar salada está abierta hasta el 4 de noviembre en la Galería Este en el mercado del Este. Merece la pena una visita.

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‘Cantabria Buena Gente’, un mural con la historia de la región

Hace casi un mes, perdón por el retraso en la publicación, nos escribió Sergio Serrano de Voilà Estudio porque acababan de terminar el dibujo de un mural en el que con “ilustraciones poco convencionales” repasaban la historia de Cantabria. Lo han titulado ‘Cantabria Buena Gente’ y alegóricamente viajamos desde la mismísima Altamira al incendio que arraso Santander, la explosión del Cabo Machichaco o la mitología mas arraigada como nuestra temible Ojancana o el guerrero Corocota. Por cierto, se puede visitar en Distrito Beta, en Río de la Pila.

En ‘Calle Cultura’ Laura nos enseña el Santander cultural de otra época

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Santander es una ciudad de paseo y los santanderinos, unos andarines. El tamaño de la ciudad da como para moverse a pie sin muchas dificultades. Suertudos que somos. El otro día, en una de nuestras andanzas, nos topamos con unas placas nuevas instaladas en el suelo de unas cuantas calles de la ciudad. Un símbolo de ubicación, un código bidi para captar con el móvil, el nombre y la fecha de edificios desaparecidos y un nombre que se repetía en todas ellas, ‘Calle Cultura’. Captamos el bidi y nos llevó a una página web donde se mostraba la foto actual del lugar junto con una imagen antigua de la zona, aliñada con la historia de la finca desaparecida. ¡Qué gran proyecto! Ir paseando y que puedas ver lo que había justo en ese lugar decenas de años antes. Te imaginas a tus bisabuelos y tatarabuelos, a los santanderinos de antes en su vida cotidiana. La cabeza pensante de este proyecto es Laura Irizabal. Nos cuenta que ‘Calle Cultura‘ es un recorrido por la ciudad, que descubre lugares donde existieron edificios destinados a la cultura, cines, teatros… que por diversas razones ya no están. El teatro Pereda, la sala Narbón, el cine Alameda, el mercado Ribera… El proyecto, sin fines lucrativos, tiene la única intención de que descubramos Santander de una manera diferente y de que tomemos conciencia de que ya, por aquel entonces, era una ciudad donde existía mucha oferta cultural. Ahora, con el Centro Botín, el anillo cultural y el archivo LaFuente, esperemos que recupere el latir de los mejores tiempos.

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